Han pasado décadas desde el advenimiento de internet. Bueno, de hecho, cambiamos de siglo mientras tanto. Superamos el temido efecto 2000, donde al final no hubo que lamentar un fallo catastrófico global. Por fin hay una conectividad más que decente en muchos países, con satélites y fibra óptica. Los sitios web bien optimizados ─si no se hacen a lo loco con un wordpress cutre─, pueden saltar a las pantallas a una velocidad nunca vista antes. La masiva instauración del protocolo SSL ha mejorado la privacidad y seguridad, al menos hasta que la llegada de los ordenadores cuánticos, ejem. Todo ha sido progreso.
Pero aún en este futurista internet no se te ocurra ponerte un nombre de dominio con ñ, tilde o cualquier otro símbolo propio de un idioma que no sea el inglés. Simplemente sigue siendo farragoso, problemático y cuando menos lo esperas hasta desesperante. Es lamentable que no se pueda conservar la identidad usando la ñ con naturalidad (¿hola? ¿UTF-8?). Por ejemplo, todo lo que use...
Bueno. Dirán lo que quieran sus defensores en el contexto de la burbuja actual, pero que las IAs actuales usan propiedad intelectual protegida para hacer sus refritos es un hecho indudable. Y en mi opinión, no deja de ser otra forma sutil de plagio. Tal vez a otro nivel, menos directo, menos cuantificable y rastreable, pero plagio igualmente. Vale, que sí. Que en ocasiones los humanos también nos inspiramos consciente y sobre todo inconscientemente en miles de obras de texto, música y arte en general que llevamos digiriendo desde niños. Pero es otra cosa. Esto es sensiblemente diferente. No es inspiración, es robo. Que igual ni te importa. Pero si eres creador de contenido original que publicas en internet, tal vez te convenga proteger de alguna manera tus creaciones, las que sean.
Para mí, aunque no sea plagio directo, lo que hacen las IAs es tomar sin permiso contenido que no te pertenece. No para ser indexado como sucede ─y necesitamos que sea así─ con motores de búsqueda. Es alimento directo para los modelos de lenguaje y generación de contenido. Cuando menos esos datos también se pueden usar para elaborar detallados perfiles de los asuntos o personas tratados. Y una vez que están en sus modelos de IA, van a almacenarlo, procesarlo y ofrecerlo gratis como contenido a los millones de usuarios de sus plataformas. Para un creador, si no eres Disney o Nintendo, que cuentan con ejército de abogados, es tarea imposible defenderse. Todo tu trabajo puede incluso acabar en manos de cualquiera.