Han pasado décadas desde el advenimiento de internet. Bueno, de hecho, cambiamos de siglo mientras tanto. Superamos el temido efecto 2000, donde al final no hubo que lamentar un fallo catastrófico global. Por fin hay una conectividad más que decente en muchos países, con satélites y fibra óptica. Los sitios web bien optimizados ─si no se hacen a lo loco con un wordpress cutre─, pueden saltar a las pantallas a una velocidad nunca vista antes. La masiva instauración del protocolo SSL ha mejorado la privacidad y seguridad, al menos hasta que la llegada de los ordenadores cuánticos, ejem. Todo ha sido progreso.
Pero aún en este futurista internet no se te ocurra ponerte un nombre de dominio con ñ, tilde o cualquier otro símbolo propio de un idioma que no sea el inglés. Simplemente sigue siendo farragoso, problemático y cuando menos lo esperas hasta desesperante. Es lamentable que no se pueda conservar la identidad usando la ñ con naturalidad (¿hola? ¿UTF-8?). Por ejemplo, todo lo que use...
En todos estos años de sysadmin no había visto cosa semejante. Y no son pocos. En las últimas horas un cliente se ha quejado, y no sin razón, de una barbaridad de mensajes de spam que entraban cada ciertos minutos directamente en su bandeja principal, saltándose todo filtro. Bueno, al principio pensé que no sería tan grave, tal vez alguna red pequeña zombie que aún no está en listas negras en los servicios habituales de consulta. Pues sí, sí que era grave. Por algún motivo que aún no comprendo, su dirección de correo es objeto de un bombardeo masivo de phishing, con links falsos de dominios aún más falsos.
Todo esto suele ser controlable. Igual solo hace falta un baneo temporal de un rango /24, igual un ajuste de puntuación en SpamAssassin. Hasta que miro el origen de todas esas IPs que salen en las cabeceras de correo. Por todos los santos de internet. Son de Google. Todas y cada una de las IPs son de Google Cloud. Ahora sí que empiezo a preocuparme. ¿Cómo se puede evitar spam que llega VERIFICADO desde Google mismo? Pues la cosa está difícil, porque... ¡demonios, es Google!
Agárrate fuerte que vienen curvas. Para los que somos unos completos obsesos del archivismo y las copias de seguridad, esta es una noticia absolutamente rompedora. Hasta ahora la única manera de preservar con cierta garantía todos tus archivos, recuerdos y material más o menos importante ─sin convertirte en víctima de Diógenes digital─, solo tenías una opción sensata y privada: replicar discos duros, en varios lugares a ser posible. O para los que la privacidad les importa un pepino, la nube.
Ahora Microsoft ha mejorado espectacularmente su investigación sobre la escritura de datos en puro cristal, usando láser sobre borosilicato en lugar de sílice. Es el mismo cristal que tienen jarras de agua o de café de uso doméstico, muy resistentes al calor y a la degradación. Un paso más para hacerlo asequible en un futuro y comercialmente viable. Que datos realmente esenciales para la humanidad, como obras clásicas, manuales, libros científicos, estudios, guías médicas... conocimiento puro y duro, se puedan almacenar de esa manera es casi de ciencia ficción. ¿Qué superhéroe tenía los datos de su pasado y su civilización almacenado en cristales? Sí, ese. El que lleva capa y leotardos ajustados (⌒▽⌒). Bromas aparte, un apocalipsis disponiendo de miles de cristales con el conocimiento, y suponiendo que aún sobrevive algún láser para leerlos, es un plus.
Bueno. Dirán lo que quieran sus defensores en el contexto de la burbuja actual, pero que las IAs actuales usan propiedad intelectual protegida para hacer sus refritos es un hecho indudable. Y en mi opinión, no deja de ser otra forma sutil de plagio. Tal vez a otro nivel, menos directo, menos cuantificable y rastreable, pero plagio igualmente. Vale, que sí. Que en ocasiones los humanos también nos inspiramos consciente y sobre todo inconscientemente en miles de obras de texto, música y arte en general que llevamos digiriendo desde niños. Pero es otra cosa. Esto es sensiblemente diferente. No es inspiración, es robo. Que igual ni te importa. Pero si eres creador de contenido original que publicas en internet, tal vez te convenga proteger de alguna manera tus creaciones, las que sean.
Para mí, aunque no sea plagio directo, lo que hacen las IAs es tomar sin permiso contenido que no te pertenece. No para ser indexado como sucede ─y necesitamos que sea así─ con motores de búsqueda. Es alimento directo para los modelos de lenguaje y generación de contenido. Cuando menos esos datos también se pueden usar para elaborar detallados perfiles de los asuntos o personas tratados. Y una vez que están en sus modelos de IA, van a almacenarlo, procesarlo y ofrecerlo gratis como contenido a los millones de usuarios de sus plataformas. Para un creador, si no eres Disney o Nintendo, que cuentan con ejército de abogados, es tarea imposible defenderse. Todo tu trabajo puede incluso acabar en manos de cualquiera.
Seguro que alguna vez ─si eres de los que cacharrea un montón con su PC─ te ha dado por investigar qué tanta morralla mete el sistema operativo Windows en tu máquina. Pues bien, además de las famosas carpetas ─como WinSxS─ que crecen sin medida, hay otros archivos igualmente infames. Cuánto ocupa todo Windows se puede comprobar fácilmente con herramientas de uso de disco, como WinDirStat. Y además del archivo de hibernación típico hay otro llamado pagefile.sys que tiene la mala costumbre de comerse del orden de decenas de gigas. No importa si es disco duro clásico o flamante SSD.
El tamaño de la paginación y su gestión no es ningún secreto y está en Sistema -> Configuración avanzada del sistema -> Rendimiento -> Memoria Virtual. Lo normal es que esté administrada automáticamente por el sistema, y lo normal es que sea en el disco habitual principal del SO (C:). Pero, ¿es necesario que ocupe tanto? ¿Es recomendable ajustarlo a un tamaño más razonable? Veamos.